Introducción a todo, de Berta García Faet

Introducción a todoIntroducción a todo. Berta García Faet. IV Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”. La Bella Varsovia.

Un círculo:

“Señor, desde que lo conozco
entro en la cama con un presentimiento
consulto mi cuenta de Hotmail
cada cinco minutos
todas las mujeres son mis enemigas
(maquino maldades para hacerlas invisible)
voy a la biblioteca a pesar de ser un centro
de reunión de los humanos me maquillo
como una puta (por suerte me entreveo
en el espejo del ascensor y subo penitente
corriendo a lavarme la cara).
Un buen libro siempre suele llevarte a otro, o a otros. En este caso el último ganador del García Baena (“Clima artificial de primavera” de Ignacio Vleming), me llevó al anterior premio. Y si bien hace más de un año que apareciera en las estanterías de las librerías el tiempo ha demostrado que la “absoluta actualidad” de poco sirve, y que el buen libro permanece y debe ser rescatado de las telarañas de los almacenes donde se guardan los stocks restantes. No creo que sea el caso de este poemario, que por su audacia y contemporaneidad bien podría estar corriendo de mano en mano de muchos universitarios españoles.

El libro que hoy nos ocupa, cuyo título nos recuerda a algún volumen renacentista entre Pico della Mirandola y Duns Scoto, resulta de una belleza ecléctica sorprendente. Sus versos, caminan sobre disparidades y libertades que tienen un pie en la vanguardia; otro en el clasicismo; uno (cual pulpo) en el lenguaje cotidiano del siglo XXI donde las cuentas de correo electrónico tienen su espacio como el porno de la tele; otro en la exquisitez de la metáfora para iniciados “en este milenio del aburrimiento y la cúspide de Maslow”, “pero se supone que esto era un secreto/ entre tú, el jardín y yo, los cómplices insólitos/ que se descaran y desnudas sólo porque saben que se van a ir/ por la mañana”; otro en la ausencia de signos de puntuación o en su presencia, según la intuición poética mande en la poetisa; otro en autores de rompe y rasga como Sylvia Plath o Ángel Gónzález… Y así casi casi ad infinitum por lo que el título estaría muy bien utilizado en este bautismo de los versos.

Por otra parte el libro trata de los afectos, el amor o su sucedáneo en el siglo que nos ocupa y en el que vivimos (¿o es a la inversa?). Hay una moral sin represión victoriana, y se habla de amantes y cuerpos con libertad, pero subyace un cierto mal sabor de boca por la ausencia de ese amor decimonónico, grandioso, romántico y sublime, brutal, que se sabe, sin embargo, mentira o cadáver:

QUERER QUERER (II)

“(allí decidimos que los besos eran sagrados
y en una definición perifrásica memorable
conseguimos explicar la vida con palabras sencillas
como pan de cereales como tinto como bocas)”.

EL DESAPARECIDO

“El amor lo siento es un unicornio sublime una mentira
propaganda de los curas de los franceses de los publicistas
se lo llevaron a China lo apalearon lo quemaron
y ahora no existe qué lástima se lo tragó la metrópolis”.

Incluso en su verdad abierta, como una flor pútrida, se acaba la posibilidad de ese amor excelso:

“el vaporoso recuerdo
de la tormenta morada en esa playa inglesa
(no digas que en verdad era fea,
como todas las playas inglesas)
podría dar una idea
(aproximada: no hacemos milagros)
de la belleza y tragedia del momento.
Este breve pero atrevido libro tiene dentro de sí un arranque de libertad, un alarde formal, una pirueta de lenguajes y versos que coquetean con lo contemporáneo y lo femenino actual al tiempo que quieren hacer guiños a poesía consagrada, la poesía que constituye los cimientos y el bello edificio de la poética mundial. Una lectura para tardes inconformistas.