Árbitros

761148_w2

Dicen que los que nos da por escribir somos unos tíos raros. Tal vez. Además, en mi caso particular, esa rareza se ve incrementada por mi afición a correr, andar en bici, hacer montaña…y debido a esa singularidad propia me meteré yo solito en un jardín rompiendo una lanza por una denostada y oscura figura presente en cada campo de fútbol, deporte que no me agrada como se supone que debiera y tal vez sea porque tengo el extraño don de poseer dos piernas izquierdas siendo por otra parte diestro, y me he sentido siempre más bien torpón en tal disciplina, por lo que tal afición nunca se ha encontrado entre mis prioridades de entretenimiento. Por contra, a mis hijos les ha dado por tan excelso deporte siendo dotados para esa rara habilidad de la que yo siempre he carecido y me he visto obligado a recorrer más campos de fútbol de los que hubiese nunca deseado viéndolos desde la banda jugar desde hace ya bastantes años.

Todavía les sigo acompañando fin de semana tras otro por las canchas de la ciudad viendo partido tras partido y, como buen observador que soy, considero tanto lo que sucede dentro del campo como fuera de él.

Para los chicos en las categorías base, la práctica del fútbol, en este caso, constituye un extraordinario entrenamiento en todos sus aspectos, puesto que ejercitan sus músculos, adoptan un comportamiento deportivo sabiendo encajar las derrotas y conllevando las victorias sin ostentaciones, hacen amigos y utilizan su tiempo en una práctica que les aleja de posibles distracciones menos edificantes, construyendo una conducta sana y deportiva.

Sin embargo, son algunos padres los que deberían recibir algunas sesiones de comportamiento cuando se encuentran viendo el partido en las gradas. Algunos –los menos, afortunadamente– se exceden en comentarios y descalificaciones, tanto a jugadores propios y rivales, como a entrenadores y por supuesto a la figura del árbitro. Esos padres acuden a los campos esgrimiendo su única verdad en la mano. En muchas ocasiones, cuando el árbitro toma una decisión que cree que les afecta les da por pensar que lo hace intencionadamente para perjudicar o favorecer a unos u otros o que el árbitro (que suele ser un muchacho, pero con dotes para ello y sobre todo mucho aguante) no conoce su oficio y ellos sí. Puede ser que quien así actúa sea un gran experto en reglamento futbolístico, pero recordemos que quien viste de negro sobre el campo ha recibido una formación y se encuentra en prácticas tratando de hacerlo de la mejor forma posible. Recordemos que en un mismo encuentro podemos ver tantos partidos como personas se encuentran presentes y que, nos pese o no, alguien ha de tomar esa decisión difícil en un instante (normalmente inamovible) en medio de un juego rápido y aplicar un reglamento que no puede saltarse a la torera. La figura del árbitro es necesaria e imprescindible, y los jóvenes jugadores han de comprender que existe una norma, como en tantos aspectos de la vida, nos guste o no y alguien ha de aplicarla sin que por ello sea menospreciado. Pensemos en otros deportes como el tenis, el atletismo, el ciclismo… en ellos también existen jueces que aplican la el reglamento y pocos podemos imaginar al público increpándoles del modo en el que se hace en el fútbol.

La figura del árbitro es un elemento más del juego de extraordinaria importancia. Es su responsabilidad la de aplicar el reglamento y merece el respeto y apoyo necesario para que se convierta en un elemento educativo más para los jugadores en categorías base. ¿Seríamos capaces cada uno de nosotros de hacerlo mejor que ellos? ¿Estamos seguros de que nuestras decisiones serían siempre justas para todos? Entonces, ¿por qué no todo el mundo ve la misma acción en cada jugada? Nada solucionamos con increpar al colegiado pensando que de ese modo vamos a influir en sus laudos sino que incrementamos su presión lo cual dificulta todavía más su trabajo.

Por supuesto nadie está libre de cometer errores, claro, incluso los jugadores de primera división mejor pagados del mundo fallan de continuo penaltis y otras jugadas dignas de gol. Sin embargo, esos fallos caerán en el olvido frente a un posible error arbitral cuyo sueldo no se parece ni de lejos al de los astros del balón.

Sobre Luis Martínez Pastor

Considerado a si mismo escritor por accidente, comienza su trayectoria literaria allá por el 1997 publicando "La dueña del paraíso" (Egido Editorial). Observador de la realidad y crítico contumaz con cuanto le rodea, espera publicar en breve otra novela y un libro de cuentos.

¡Comenta!

x

Check Also

Enfoques cooperativos; Hoy: Volver al pago…

“Vi´a a volver pa que sepan que no me he muerto Que no estoy ni ...

El Tribunal Supremo no debería tener que decir lo que es delito contra la seguridad vial.

El artículo 384 del Código Penal establece que será castigado con la pena de prisión ...

La interpretación popular de Eloy Velasco.

  Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con ...