Prolegómeno a “La ecología de José Ortega y Gasset”

Lo que voy a tratar de presentar (obviando la cuestion de que este posicionamiento de la filosofía como la “ciencia primera” pueda parecer exagerado), es la posibilidad de encontrar un pensamiento renovado que sirva a las ineludibles transiciones socioecológicas del siglo XXI. Mi propuesta es que esas bases novedosas se hayan en la obra de Ortega y Gasset.

Ortega y Gasset en un fotografía tomada por la prensa en los años 20.
Ortega y Gasset en un fotografía tomada por la prensa en los años 20.

En este breve ensayo quiero presentar de forma informal -por lo que omitiré cualquier referencia bibliográfica-, las primeras conclusiones de mi investigación de doctorado. Como marco general, la idea es abordar la filosofía como una resistencia; ahora bien, cuando se plantea el uso de la filosofía para tal cometido, cabe preguntarse: resistencia sí, pero ¿contra qué?

Para lo que aquí interesa, el enfoque filosófico debe actuar como una resistencia a la creciente decadencia del paradigma civilizatorio humano, actualmente disponible en su forma de crisis ecológica. El único recurso para escapar de esta catástrofe a cámara lenta, radica en reformular los paradigmas filosóficos que acompañan a nuestra sociedad (en vista de las circunstancias: la filosofía anterior está equivocada, como afirmaran Hottois o Jonas); de dichos paradigmas renovados deberán nutrirse posteriormente el resto de disciplinas y ciencias, para la reconstrucción de una organización social compatible con los límites biofísicos del planeta.

Lo que voy a tratar de presentar (obviando la cuestión de que este posicionamiento de la filosofía como la “ciencia primera” pueda parecer exagerado), es la posibilidad de encontrar un pensamiento renovado que sirva a las ineludibles transiciones socioecológicas del siglo XXI. Mi propuesta es que esas bases novedosas se hallan en la obra de Ortega y Gasset.

Curiosamente, en las primeras obras de Ortega es posible encontrar reflejos de un esteta romántico del paisaje o un entusiasta de la biología, como han reflejado las publicaciones de Manuel Benavides o María del Carmen Paredes Martín. Aunque está claro, como Jesús Conill aclaraba en un artículo, que Ortega no fue nunca un naturalista al uso.

Esta constatación nos conduce hacia la faceta polémica de la ecología orteguiana, y es que el mismo Jesús Conill especula acerca de la posibilidad de que Ortega apadrine alguna postura de transhumanismo; sobre todo cuando este afirmaba la no naturaleza del hombre como ser histórico o la infinita plasticidad del ser del humano. Para colmo, Ortega y Gasset fue además aficionado a los toros y la caza; sin embargo, todos estos elementos no deben desanimarnos pues, cabe considerar que por ejemplo “Prólogo a 20 años de caza mayor” constituye un autentico alegato por la conservación sensata de la biodiversidad.

La solución es balancear estos polos radicales y aquilatar algunos de los conceptos que, mutatis mutandi, se mantienen durante toda la obra de Ortega. Precisamente, la ‘circunstancia’ en la frase fetiche de Ortega: “yo soy yo y mi circunstancia”, es uno de estos conceptos que cabría revisar. Es posible que nos sorprendamos descubriendo que su pensamiento podría venir a ilustrar un tipo de ecología marcada por la sensatez.

Una vez hemos situado a Ortega en unos parámetros ecologistas, es momento de presenciar una autentica gigantomaquia. El hecho es que tanto Karl Marx como Martin Heidegger han sido reivindicados para distintas modalidades de la ecología contemporánea: Marx ha sido recuperado para fundamentar el ecosocialismo, mientras que Heidegger ha sido reivindicado como el filósofo de la ecología profunda. Considerando la distancia que Ortega toma de estos dos grandes clásicos, es evidente que algo de ecologismo hay en su obra, si es que los anteriores también participan de este.

Sin embargo, existen indicios todavía más poderosos que nos llevan a sospechar las potencialidades ecológicas de Ortega. Dos grandes de la ecología política contemporánea están directamente vinculados con la obra de Ortega.

Por un lado abordaremos el hecho de que Andrew Dobson fuera lector circunstancial de la obra de Ortega y por otro abordaremos la relectura crítica que recientemente ha realizado Jorge Riechmann de “Meditación de la técnica”. Lo interesante es que, como ya habrán podido sospechar, estos dos autores nos van a remitir de un modo u otro a la gigantomaquia que se planteó al principio entre Marx, Ortega y Heidegger. Veamos entonces algo muy breve sobre estos dos autores.

Respecto a Marx, John Bellamy Foster destacó su temprana descripción del inevitable metabolismo que se produce entre sociedad y naturaleza. Sin embargo, esta noción no fue ajena a Ortega. Como tampoco lo fueron otras tan actuales como la idea del aumento de la entropía, o la irreversibilidad de ciertos procesos físicos. Por otro lado, y adelantando algo de contenido, es muy interesante ver como la crítica marxista más enconada de José María Laso y Jorge Semprún se dirigen en ocasiones al método de las generaciones. Curiosamente, estos autores acusan incluso a Ortega de profesar un escultismo similar al de los mismísimos nazis. Pero lo más interesante es que precisamente en el infame método de las generaciones es posible identificar una conexión de ortega con el ecologismo contemporáneo.

El caso es que algo que me gustaría aclarar en mi investigación es si puede considerarse a Ortega como pionero del lenguaje de la responsabilidad generacional que daría paso a la opera magna de Hans Jonas y su principio de responsabilidad por las generaciones futuras. Cabría plantear la posibilidad de que Ortega hubiera influido a Jonas, algo que ya insinúa Jesús Conill en un pie de página de uno de sus últimos artículos sobre Ortega y Gasset. También podemos considerar la elaboración de un principio vida por parte de Jonas, que ya fue sugerido por Ortega, y algunos aspectos más en torno a la crítica de la técnica y el peligro de la civilización. Por otro lado, gracias a este ejercicio de confrontación con Jonas, ya estamos planteando la gigantomaquia con Heidegger.

Respecto de Heidegger, cabe considerar las diferencias que diversos textos han señalado entre este y Ortega. Valdría decir que Ortega tiene un planteamiento mucho más positivo y esperanzando del uso de la técnica que Heidegger, tanto que facilitara, como venimos diciendo, la posibilidad de acusarle de transhumanista.

Pero a estas alturas todavía no hemos dicho nada sobre Andrew Dobson y Jorge Riechmann. Decíamos al principio que vale la pena considerar el hecho de que Dobson fuera lector circunstancial de Ortega y que publicara una monografía dedicada a su filosofía y política. Ello me condujo a pensar que Ortega podía haber influido en el desarrollo del pensamiento político verde (que constituirá el trabajo principal de Dobson).

Sería demasiado largo describir todos los puntos en los que influye pero consideren de entrada que la obra de Dobson trata en parte de superar las limitaciones de la ecología profunda y que por tanto esto supone ya un distanciamiento de Heidegger y que por otro lado, la misma ecología de Dobson busca una justificación política menos radical que la del ecosocialismo, por lo que también se distancia de Marx. Por otro lado, es curioso que una de las aportaciones menos reconocidas pero más interesantes de Dobson haya sido dotar de una amplia perspectiva a la justicia intergeneracional para constituirla como un instrumento omnicomprensivo de la realidad.

Para ir concluyendo, toca abordar la relectura critica que Riechmann realiza de MT, aquí el balance para Ortega es negativo, en opinión de Riechmann, la infinita plasticidad del ser humano choca frontalmente con los limites biofísicos de un planeta finito y la segunda naturaleza que este se crea, una tecnosfera dice Riechmann, está engullendo a la naturaleza autentica.

Si el caso de Dobson nos permitía ir reconstruyendo el pensamiento filosófico y político de Ortega con un ojo puesto en la ecología, más como una tarea de hermenéutica, el caso de Riechmann nos permite confrontar directamente los textos de ortega con las afirmaciones de Riechmann, en mi opinión claro está, el balance no es tan negativo…

Sin embargo, de haber tenido más tiempo tal vez un ejercicio divertido habría sido confrontar directamente el fundamento filosófico de ortega respecto al ecologismo con el de un auténtico desencantado de la ecología como Slavoj Zizek. De entrada, el distanciamiento que Zizek toma de Heidegger es muy similar al que toma Ortega, porque se basa también en una separación de la Naturaleza como ese gran Otro y además su crítica de la técnica no es tan pesimista como la de Heidegger. Cabría considerar entonces si por declarar que la vida es un faciendum pensaría Zizek que fue Ortega un neurótico, o si el binomio ensimismamiento-alteración tendría alguna relación con esa respuesta alterada a la crisis contemporánea de la que habla Zizek. Igualmente sería interesante considerar la noción de segunda naturaleza que se da tanto en Zizek como en Ortega para calibrar el alcance de las afirmaciones de cada uno.

No obstante, valdría la pena contrastar el papel que toman las masas en las propuestas políticas de ambos para descubrir algunos puntos de fricción, o considerar como se relacionan Ortega y Zizek con la propuesta de una política prefigurativa que el ecosocialismo está promoviendo. En principio, Ortega estaría próximo a la prefiguración ecosocialista como gesto que debe llevar a cabo una élite, una aristocracia ecológica y social que se distinga de la masa alienada, mientras que Zizek se distanciaría cuando, en tono similar a la crítica de la demanda infinita de Simon Critchley que hizo (afirma que es imposible una convivencia de luchas sociales sin la preponderancia de alguna de ellas –algo que va asimismo en detrimento de la prefiguración ecosocialista).

En definitiva, si bien la invitación de Slavoj Zizek es la de “abandonar definitiva y completamente la naturaleza”, hacia la búsqueda de formas de vida más sintéticas o plásticas, esto supondría para Ortega traer a la vida hombres y mujeres sin paisaje, y no debemos olvidar que, a menudo en su obra, la circunstancia como paisaje actúa a modo de límite para el ser del humano.

Estos son algunas de las líneas que probablemente tome mi investigación durante los próximos siglos […], aprovechando la ocasión, me gustaría invitar a cualquier persona interesada a intercambiar opiniones, referencias, etc…