La “casilla del cura” en la declaración de la renta

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Resulta ya insultante, para los que no comulgamos, el que la confesión religiosa denominada iglesia católica siga teniendo en la declaración de la renta lo que yo llamo “la casilla del cura”.

Y es que a estas alturas de la película, causa sonrojo comprobar cómo se sigue consintiendo que en los impresos de la Renta aparezcan dos casillas de rimbombante fraseología: “Asignación tributaria a la Iglesia Católica” y “Asignación de cantidades a fines sociales”. Pues mire usted, ni la una ni la otra. Que lo de la declaración de la renta no es sino un trámite administrativo anual por el que deben pasar todos los ciudadanos –vamos a decir de bien y con obligación de declarar- pero que debería estar limpio de “polvo y paja”. Es decir, debería ceñirse, única y exclusivamente, al fin para el que se destina, sin más aditamentos, sin más pamplinas. Porque por esta regla de dos, ¿cuántas casillas más habría que añadir, por ejemplo, en relación con la tan cacareada ley de libertad religiosa?

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La campaña que la episcopal (los mandamases de los católicos) lanza cada año para que sus correligionarios marquen con un aspa su famosa y consentida casilla está orientada, según dijo el obispo, Antonio Algora, en 2012, a que marcándola se contribuye a “luchar contra la crisis económica”, considerándola don Antonio “la mejor manera de lucha”… (¡A ver si aprendéis, Cándido y Toxo!). Claro que las lastimeras palabras, que rozan casi la súplica, del por entonces vicesecretario que se preocupa y ocupa de los asuntos económicos de esta iglesia, Giménez Barriocanal, no tienen desperdicio. Decía el ínclito que invita también a marcar el casillero que hace alusión a fines sociales, y especialmente la casilla de la iglesia católica “para que podamos seguir bautizando a nuestros hijos, vivir la fe, mantener los templos abiertos, ayudar a los pobres y ejercer el derecho a la libertad religiosa”. Y abundan los prelados en que elegir la opción de la iglesia católica “es urgente, necesario y fundamental para mantener la labor de ésta”.

No te digo más, Jesulito. El asunto en cuestión vuelve a rozar el esperpento, eso que también conocemos en este pobrecito país que no termina de cuajar. Y esta vez, si te fijas bien, han apuntado hacia todo lo alto, yo diría que hasta el cielo. Han aprovechado la coyuntura monetaria por la que atravesamos y en sus exhortaciones no se libra ni el gato. Es increíble.

Por ello, se hace del todo necesario que se eliminen ya determinados acuerdos-prebendas para con esta confesión religiosa en particular, se pongan en práctica en su totalidad todos los resortes habidos y por haber de la legislación que afecta a la libertad religiosa y nos dejemos, en definitiva, de tanto cuento.

Así que, como ciudadano que cumple ¡religiosamente! con Hacienda y no deja marcas, exijo que se acabe de una vez y por todas con esta práctica administrativa discriminatoria.

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