La coartada griega, o cómo asesinar a las democracias

Un argumento oxímoron es aquel que lo mismo ayuda para defender o criticar una cosa y su contraria, es decir: no es un argumento válido.

La Unión Europea no se creó para arruinar la vida de sus ciudadanos, por eso se hace difícil entender cómo una institución cuyo primer predicamento es la ”solidaridad entre los pueblos”’ puede ahora amenazar en nombre de no se sabe qué, a los ciudadanos de aquellos estados  miembros que no se plieguen a sus exigencias.

GreciaO una cosa, o la contraria. La UE se ha convertido, a fuerza de utilizar el miedo y la represión psicológica, en una suerte de Saturno dispuesto a devorar a sus hijos. Y no se trata de llevarles la contraria, sino de aclarar quién es quién dentro de la UE y cuales son sus funciones y límites.

Sin soberanía, los pueblos no son nada. Sin capacidad para decidir libremente sin injerencias, los ciudadanos nos convertimos en meros instrumentos prescindibles y manipulables en manos de unos pocos, difícilmente legitimados para el ordeno y mando, salvo por su fuerza mayor radicada en el miedo a que nos dejen morir de hambre, frío, enfermedades…

En Grecia, una de las cunas de nuestra civilización, se ha iniciado una partida de ajedrez a muchas manos, cuyo resultado final, imprevisible, puede determinar el fin de muchas cosas, pero difícilmente el comienzo de algo bueno. Si nos atenemos a eso que llaman hoja de ruta de la UE, Grecia caerá sí o sí: caerá si se pliega a los dictados europeístas, y caerá, quién sabe si más bajo, si planta cara al monstruo. Pero también caerá la propia UE por no saber apreciar la voluntad de su ciudadanía, que por muy cordero que se refleje, al final cuando la acorralan se convierte en un lobo, en muchos lobos heridos dispuestos a ganarse su libertad. Para este viaje no se necesitaban tantas alforjas.

Como decía al principio, no se puede utilizar un argumento para defender una cosa y su contraria. No se puede hacer bandera de la solidaridad cuando cobras intereses por la misma, ni predicar sin el ejemplo.

Los alemanes y muchos otros ciudadanos de la UE, entre ellos muchos españoles, dicen que no tienen por qué pagar ahora a los griegos políticas que no se ajusten a sus intereses. Y lo dicen tan ufanos como amnésicos.

Cualquiera diría que al estado alemán no se la ha condonado parte de su deuda cuando a ellos les ha interesado, o que jamás se han pasado por el arco del triunfo su déficit público interior cuando no les convenía lo contrario. Cualquiera diría que hemos sido todos excelsos en el cumplimiento de nuestras obligaciones, menos los griegos. Pero la realidad es tan tozuda a veces, que nos recuerda que en el año 1953, los griegos, junto a otros países como España, condonaron a Alemania la mitad de su deuda de 30.000 millones de marcos de la época. Todo un pastizal. Y que gracias a eso han podido levantar cabeza. Que sí, que eran otros tiempos y salíamos de una brutal guerra mundial, provocada por cierto, por los alemanes, y que en Grecia produjo una devastación inmensa por culpa de estos.

Que ahora no se quiera atender a una quita de la deuda griega es, además de una canallada, un error cuyas consecuencias terminaremos pagando entre todos.

No hay ni un sólo estado miembro de la UE que no esté endeudado muy por encima de su capacidad de pagos, incluyendo a Alemania. La reestructuración de la deuda de todos los estados debe ser entonces no sólo objeto de debate, sino una clara prioridad para seguir adelante con un proyecto de unión que hace aguas por todos lados. Si ya la UE nació cojeando, porque se nos mintió a todos los ciudadanos vendiéndonos algo que no es, si le quitamos el único pegamento que aún puede mantenerla a flote mal iríamos.

Cuando me refiero a que nos puede ir mal a todos, no hago referencia a esa idea de que si los griegos no pagan, los demás dejaremos de cobrar lo que ”nos deben”, que esa es otra cuestión que se suele analizar sin luces ni taquígrafos. A lo que me refiero, es que si la UE no auxilia a los griegos y les deja una puerta abierta a una salida de su penosa situación financiera, o sea, la deja caer con todo el equipaje, el efecto dominó que supondría dentro de otros estados, al ver su ciudadanía que, o obras a favor de quienes te imponen recortes indignos, o te puedes pudrir en la miseria, sería una mecha encendida camino hacia un polvorín muy peligroso.

Si vamos a ser miserables,

al menos que sea en libertad.

Pero es que además, los europeos no nos podemos permitir ahora el lujo de ir sembrando enemistades dentro de nuestro seno,  y menos con los integristas musulmanes amenazando con destruir nuestra cultura desde dentro mismo de nuestra civilización. Necesitamos los europeos una unión fuerte basada en la ayuda mutua, en la solidaridad, y en la consecución de objetivos comunes en igualdad de derechos y obligaciones. A ningún estado miembro debe permitírsele que pretenda ser el Primus inter pares, como los alemanes ansían. Y todo ello sin olvidar algo que es incluso más importante que todo lo anterior; que es la dignidad humana y el derecho a vivir dentro de unos estándares que garanticen no vernos en la miseria por el capricho de intereses bastardos generados por personas e instituciones que no son representativas más que de si mismas.

Hay muchas hienas sueltas y miserables esperando dar en el culo de los griegos unas cuantas de las mismas patadas que los alemanes nos sueltan a nosotros, y hablo de los españoles. Podría decirse que muchos esperan la caída griega, o la claudicación ante el poder establecido de su gobierno recientemente elegido, como si así reafirmasen su condición de perros de su amo. No se dan cuenta, por miserables, que Grecia está siendo la gran coartada de unos pocos muy poderosos, para ir minando la democracia interna de cada país de la UE, segando de raíz la soberanía ciudadana y su derecho a decidir, en muchos casos si pagar la deuda o comer.

Si cae Grecia, caemos todos, porque el proceso de pérdida de soberanía y libertades ya será irreversible.

Y con eso, todo lo que conlleva.

Sobre Gallego Rey

De la Costa de la Muerte del Sol. Contradictorio y desavenido conmigo mismo. Columnista en varias webs de información. Editor vocacional independiente. En definitiva, Gallego. ¿Para qué saber más?

2 comentarios

  1. Don Manuel, gracias por su opinión. Tan sólo quería apuntar a su amable comentario una idea que creo es la madre de todas las contradicciones: …”otros países y otros ciudadanos…” Esa es la derrota de la UE; que sólo es una unión de pega para unas pocas cosas. No se puede ceder la soberanía por un lado, y comerse los marrones internos por otro. Valdría como ejemplo la política migratoria de la UE, y el pasotismo de la misma a la hora de afrontar los problemas fronterizos de los países del sur con los movimientos migratorios procedentes de África, especialmente. En esencia, lo que la UE propone es lo siguiente: ustedes nos ceden su soberanía para que nosotros tomemos las riendas en políticas económicas y de los mercados, pero sus marrones internos son cosa suya, incluyendo los derivados de nuestras políticas. En lo años 80 del siglo pasado ya lo advirtió Margaret Thatcher con una clarividencia rayana en lo prodigioso. Saludos.

  2. Excelente artículo con el que puedo estar de acuerdo casi en todo. Ocurre, no obstante, que la misma moneda tiene una cara y una cruz sin que sepamos en cuál de ellas se encuentra la bondad/verdad. El tópico cara-bueno o viceversa no nos sirve. Es evidente, asimismo, que entre ambas se alza una contradicción insuperable. Cierto que la UE debe manifestar solidaridad con sus miembros, pero los yerros cometidos por unos gobiernos (silencio los epítetos) no han de asumirlos otros países y otros ciudadanos. Reconozco la complejidad del tema, y más aún la de su solución, pero la crisis ha llevado al conjunto a una encrucijada clave. Cualquier respuesta puede tener consecuencias o muy felices o muy desastrosas. Es el momento de la serenidad, de la reflexión y de la firmeza.

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