Galaxy Note 7: Los móviles explosivos de Samsung

Los nuevos Galaxy Note 7

Galaxy Note 7Algo que está destacando en la actualidad es el desarrollo de las nuevas tecnologías y las constantes mejoras que se están produciendo constantemente en el ámbito de los móviles y de las tabletas. Este proceso llevó hasta la aparición de las llamadas “phablets”, que son dispositivos que reúnen las condiciones propias de los móviles y de las tabletas. Además, se han logrado espectaculares avances en lo relativo a las aplicaciones, sin que parezca que puede existir un límite para conseguir más mejoras que superen todas las expectativas posibles.

El Samsung Galaxy Note 7 se comenzó a vender en septiembre. Según se indicaba, este modelo iba a reventar el mercado de los dispositivos móviles… pero de una manera que nadie deseaba.

Es verdaderamente llamativo y preocupante que un modelo concreto de móvil pueda llegar a ser tan peligroso.

El Samsung Galaxy Note 7 es un buen ejemplo de la entidad del riesgo que puede crear un producto con componentes electrónicos defectuosos.

Los productos defectuosos tienen un amplio régimen jurídico que se ha ido construyendo durante las últimas décadas.

La Directiva 85/374/CEE del Consejo, de 25 de julio de 1985, relativa a la aproximación de las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas de los Estados Miembros en materia de responsabilidad por los daños causados por productos defectuosos, indica que “para proteger la integridad física y los bienes del consumidor, el carácter defectuoso del producto debe determinarse no por su falta de aptitud para el uso sino por no cumplir las condiciones de seguridad a que tiene derecho el gran público”.

La norma de la Unión Europea también dice que “la protección del consumidor exige la reparación de los daños causados por muerte y lesiones corporales, así como la de los daños causados a los bienes”.

Los encargados de gestionar la producción y distribución de los móviles de Samsung han hecho lo correcto al suspender la venta del producto, aunque ha podido ser demasiado tarde.

Es cierto que ha disminuido el valor de las acciones de la compañía por la decisión de paralizar con demora la actividad en relación con el modelo, pero al menos lo han hecho, siendo digno de mención que las consecuencias de haber hecho lo contrario y de no haber suspendido la producción podrían haber sido lesivas para muchos consumidores y, en el largo plazo, los efectos perjudiciales para los accionistas de Samsung habrían sido muchísimo mayores.

Debe garantizarse que los productos ofrecidos en el mercado puedan ser absolutamente seguros.

De esa manera, se podrá promover la protección de los intereses de los consumidores y la solvencia de las principales marcas, que deben pensar en consolidar su posición desde una gestión adecuada para la sociedad.

Como indica Ramón Muñoz, “la tecnología tiene sus plazos” e “intentar saltárselos por las premuras del mercado o por la codicia del liderazgo acarrea riesgos”.

Procede esperar que los encargados de controlar Samsung hayan aprendido la lección.