Mitos de la Escuela: la repetición de curso

La escuela sustentada en obsoletos mitos (3):la repetición de curso

La repetición de curso es una estrategia íntimamente ligada al hecho de intentar agrupar a los alumnos de la manera más homogénea posible

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Foto: Pixabay

No promocionar a los escolares que no alcanzan un determinado nivel de conocimientos es el único medio para intentar conseguir que las clases sean homogéneas, aunque la investigación ha demostrado que esa aparente homogeneización que se alcanza con la no promoción automática es solo un espejismo, ya que a la larga la variabilidad interindividual del alumnado es semejante a la que proporciona la promoción automática.

Ha sido ampliamente demostrado que un curso es vivido por cada alumno de forma diferente, lo cual muestra la arbitrariedad que implica la estandarización de los criterios empleados para promocionar, o para hacer repetir a un estudiante.

Asimismo, el fenómeno de la repetición de curso es dependiente de una concepción del fracaso escolar, consistente en aceptar que la causa del mismo está ligada a la falta de capacidad o de motivación de los estudiantes.

En consecuencia, en lugar de plantear la posibilidad de un cambio de la escuela, se somete a los alumnos a medidas correctoras, siendo una de ellas la repetición de curso.

Si se analiza la historia de la educación, se comprueba fácilmente que la repetición de curso existe desde el momento en que se decretó que los niños tenían que asistir obligatoriamente a la escuela durante una serie de años (generalmente, en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX).

Sin embargo, el momento álgido de esta medida correctora coincide con la aceptación de la cultura de la evaluación institucional por parte de los tecnócratas, lo que conllevó una gran competitividad entre los distintos centros escolares.

La evaluación externa de las escuelas no es mala ni buena en sí misma.

Lo que resulta peligroso es la aceptación de que el indicador más fiable de la excelencia o del fracaso de un centro escolar es el promedio de las calificaciones obtenidas por los escolares en unas pruebas realizadas por agencias externas de evaluación, que únicamente miden el nivel de conocimiento adquirido de forma mecánica en las materias del currículum catalogadas como fundamentales (por regla general, lengua, matemáticas y ciencias).

Si, a su vez, los colegios reciben más o menos subvención económica en función de los promedios obtenidos en las pruebas de evaluación, ese mecanismo de control se convierte en un pretexto muy eficaz para diferenciar las escuelas: aquellas que pueden permitirse el lujo de no admitir a los alumnos con alto riesgo de fracaso escolar (generalmente, las privadas) y las que tienen obligación de admitir a todos los alumnos independientemente de sus capacidades intelectuales, económicas y de su procedencia cultural (las públicas).

Suele existir unanimidad entre los autores que han analizado los efectos que tiene la repetición de curso en que es perjudicial para los alumnos no promocionados.

En general, los estudiantes repetidores muestran un rendimiento académico menor, un autoconcepto más bajo y una actitud menos favorable a la escuela que los que promocionan al siguiente nivel a pesar de no haber conseguido los objetivos académicos del curso anterior.

Además de esos perjuicios académicos y psicológicos, en la práctica totalidad de los estudios que han sido revisados se constata una menor valoración de los alumnos repetidores por parte del profesorado, lo cual induce a los profesores a bajar el nivel de exigencia con los repetidores ya que, según sus propias confesiones, parten del supuesto de que no son capaces de aprender más. Dicha creencia es bastante preocupante ya que en esas investigaciones ambos grupos (los repetidores y los promocionados automáticamente) estaban igualados en nivel de inteligencia y en el rendimiento académico.

Finalmente, merece la pena destacar que los resultados de la investigación muestran de manera abrumadora que la repetición de curso favorece el abandono de la escuela antes de terminar el período obligatorio, o nada más cursar el último año de dicho período. Incluso los investigadores que encontraron algunos efectos beneficiosos de la repetición de curso durante el año siguiente, concluyeron afirmando que esos beneficios desaparecen pasados dos años de la repetición.

Si a esos resultados se añade el enorme gasto improductivo que supone para los gobiernos la atención de los repetidores, la pregunta que parece pertinente hacerse es esta: ¿Cuáles son las razones para seguir manteniendo viva esa funesta práctica?

Es lógico suponer que cuando se mantiene viva en la mayoría de los sistemas escolares es porque alguien debe de obtener algún beneficio.

No creo que sean los gobiernos, ya que la repetición de curso les cuesta un montón de millones.

Tampoco parece claro que beneficie a los profesores, pues si bien es cierto que con la repetición se quitan de en medio a los alumnos que les plantean problemas, ese hipotético beneficio es bastante temporal, ya que en la mayoría de los países donde la repetición de curso es legal solo se permite repetir una vez a lo largo de la escolaridad obligatoria, con lo cual un año más tarde esos alumnos caen de nuevo en las manos del profesorado que los marginó.

Mucho menos beneficia al alumnado, o a sus familias, tal y como lo evidencian los resultados de la investigación. Por ello, en los países más preocupados por la calidad de sus escuelas, la legislación únicamente permite que un estudiante repita curso en casos muy excepcionales: cuando hay varios informes de expertos favorables a la repetición y siempre que la familia dé su consentimiento.

La única razón para justificar la repetición de curso es el papel que las escuelas tienen en la legitimación de las diferencias entre clases sociales (no se olvide que, al igual que sucede con el fracaso escolar, la mayoría de los estudiantes repetidores pertenecen a familias con bajos niveles culturales y económicos).