La necesaria lealtad de los abogados con los jueces

La ley orgánica del poder judicial define a los abogados como colaboradores de la administración de justicia. Y en esa función institucional, parece obvio que esa cooperación debe de ser siempre leal, de frente, con sinceridad y honradez profesional.

Así lo he hecho durante mi larga vida profesional como jurista, y digo jurista pues he desempeñado diversas profesiones jurídicas, además de la abogacía.

Lo que no obsta para que cuando he pensado que un juez no actuaba correctamente, formulara la queja correspondiente al consejo general del poder judicial.

          Pero nunca he pretendido ganar en los periódicos o en las televisiones los juicios que he perdido en el foro…

Por eso me ha extrañado mucho la presencia en días pasados de una abogada de abultados morros –lamento no recordar su nombre-, llevando una grabación de un juicio, donde al final del mismo, y por un imperdonable descuido del funcionario correspondiente, no apagó la cinta, y siguió grabando los comentarios jocosos del juez con la fiscal y la letrada de la administración de justicia, en el descanso entre juicio y juicio.

He asistido a cientos de vistas, posiblemente miles, sobre todo en mi etapa como juez, fiscal y secretario judicial sustituto (yo nunca he sido letrado, y sigo sin serlo), y siempre hemos hablado de lo divino y de lo humano en esos descansillos.

Hay que tener en cuenta que los juicios exigen una atención prolongada y muy fuerte, de forma que cuando terminan necesitan un pequeño descanso, antes de empezar el siguiente… En ocasiones, en muchas ocasiones, puedes pasarte toda la mañana oyendo a abogados muy pesados (¡cuándo entenderemos que lo bueno, si breve, dos veces bueno, parodiando a Gracián!), y que el derecho de defensa “exige” aguantar sus rollos sin pestañear, aunque se repitan más que el pepino por la noche, o estén totalmente ayunos de conocimientos jurídicos, o incluso de información sobre el caso. (Como ven, ahora escrito más como ex juez y fiscal sustituto que como abogado).

Muchas veces ni se puede tomar un café o  echar un cigarro, los que tengan el vicio de fumar, con lo cual la situación se vuelve agónica, y más con el paso de las horas y la pesadez de los abogados, repito, empeñados en explicarte lo obvio, y orillando lo sustancial, sobre todo cuando no interesa al cliente…

Dicho lo cual, creo que hay que situar en su contexto las expresiones, sin duda desafortunadas, del señor juez.

¡Claro que si me hubieran grabado a mí entre juicio y juicio, no sé qué hubiera pasado!

¿Puede un abogado hacer uso de esa grabación para intentar arruinar la carrera de un juez…, y ganar en los medios lo que posiblemente ha sido incapaz de ganar en el foro? Honradamente, creo que no.

Y que aunque yo no sé qué hubiera hecho en un caso así, pienso que lo correcto y ético, profesionalmente hablando, hubiera sido solicitar una entrevista con el juez, entregarle la cinta, y que se procediera al borrado de esa parte que no tiene absolutamente nada que ver con el fondo de asunto.

Contribuyendo así a una mejor administración de justicia, y no a su mayor descrédito.

Claro, el abogado era una señora o señorita, feminista pérdida, y utilizó lo que yo llamo “armas de mujer”.

Siento mucho lo sucedido, y estoy seguro de que tanto el juez como la fiscal y la letrada de la administración de justicia son tres personas competentes, que no comulgaron con las ruedas de molino que la abogada quiso venderles…

Y que la decisión sobre el fondo del asunto ya estaba tomada de antemano, a la vista del juicio previamente celebrado, y de las pruebas aportadas por las partes, alegaciones de los letrados, etc., sin que esas desdichadas palabras supusieran ningún pronunciamiento extra procesal, sino un comentario jocoso, al que no debe darse la menor importancia.

Claro que, emulando al ¡con la iglesia hemos tomado!, en este caso, ¡con las feministas hemos tropezado!